"de vez en cuando los amigos tienen el deber de hacerse sentir como cuando eran niños"

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas.
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
He aprendido a esperar sin razón.
Soy metálico en el Jardín Botánico
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua.
Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas,
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.








































lunes, 1 de junio de 2009

Realidad no tan real


En una entrada antigua hablé del concepto "flow" o fluir. Ese estado durante el cual el tiempo pasa sin darnos cuenta mientras realizamos una actividad de un cierta complejidad. En este momento, parece mentira, el cerebro gasta un mínimo de energía. Podríamos decir que el cerebro "descansa".

Sin embargo, cuando parece que nos encontramos en pleno relax con nuestros pensamientos por aquí y por allá se produce un gasto energético considerable.

Esa función subyacente entre el hipocampo, que controla nuestros recuerdos, y la corteza prefrontal que se encarga de nuestros planes futuros nos hace consumir energía al máximo. Las conversaciones internas a que nos sometemos nos desgastan.

A la postre, esas "conversaciones", están normalmente, muy lejos de la realidad. Lo que nos llega a través de nuestros órganos sensitivos, constituye el 10% de las sinápsis, el resto de información es construido por nuestro cerebro. Como consecuencia la mayor parte de lo que vemos lo construye el cerebro. El mundo que vivimos está "inventado" en un 90% por nosotros mismos.
Parte de las pinturas que utilizamos para colorear nuestra realidad dependen de las experiencias pasadas y de nuestras respuestas emocionales ante las mismas. Cuando una misma respuesta se repite una y otra vez se crean nuevas conexiones neuronales que establecen relaciones, por tanto, a largo plazo.
Si todos los días nos surge la misma emoción (sea buena o mala) lo que estamos haciendo es consolidar esa respuesta e hipotecarla. Si dejamos de sentir otras emociones las redes neuronales que las provocan dejan de activarse y terminan por disminuir. Lo bueno es que si las emociones son positivas y constructivas nos beneficiaremos de ello, pero, ¿y sin son destructivas?
Tendremos que decidirnos a romper con ese hábito que nos destruye.
Hacer cosas nuevas puede dejarnos comenzar un nuevo camino.
Un mismo acontecimiento provoca una respuesta diferente en cada ser humano a una intensidad vivida diferente.


Es algo que debemos pensar más detenidamente, ¿no crees?...


Continuará...

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