"de vez en cuando los amigos tienen el deber de hacerse sentir como cuando eran niños"

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas.
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
He aprendido a esperar sin razón.
Soy metálico en el Jardín Botánico
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua.
Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas,
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.








































jueves, 27 de agosto de 2009

Entre un ciclista y un agricultor


El domingo salí de cacería con toda la manada. Una perdiz con muy buena pinta me hizo despistarme y allá por la sierra de Quentar me perdí. Estuve dos días vagando de un lado a otro. Persiguiendo a los pocos coches que frecuentan una carretera cercana. Porque recuerdo que yo llegué hasta allá en coche. Mi amo me llevó. Era la única referencia que tenía. Coches. A decir verdad, poco a poco fui ampliando el espectro de vehículos y el martes, ya cansada, me puse a seguir a ciclistas. Era mi última posibilidad. Ya no sabía qué hacer. Estaba sedienta y hambrienta. Quería volver a mi hogar.

Uno de estos ciclistas por fin no pasó de largo. Aminoró la marcha. Bajó de la bici y me ofreció comida. Me daba un poco de miedo con aquel extraño casco y esa pinta tan ridícula. Estuve siguiéndolo durante 5 ó 6 km. Se puso a hablar con dos personas que tenían su coche aparcado a la orilla de la carretera. Sin saber por qué, comenzaron a tirarme piedras y estuvo a punto de atropellarme una moto.

Él les grito.

Dejaron de tirarme piedras.

Continué mi trote detrás de él. Durante otros 5 km pensé que tal vez me podría ofrecer una buena vida. No la que yo tenía en el campo pero seguro que de vez en cuando me sacaría a pasear. Poco a poco me fui convenciendo de que sería una buena opción.

Volvió a parar.

Creo que quería darme agua.

Yo estaba en medio de la carretera todavía temerosa. Entonces una furgoneta frenó.

Bajó un agricultor.

Estaba lejos pero me dirigí hacia él. Ummm!!!! Este hombre olía a campo.

A cortijo.

También llevaba encima el olor de otros perros. Me dijo que me acercara. Me silbó igual que lo hacía mi amo antes de perderme. Como un mecanismo reflejo me tumbé a sus pies y él me rascó la barriga. Me cogió y me subió a la furgoneta.

El ciclista y mi nuevo amo se sonrieron y se despidieron.

La furgoneta arrancó y yo me fui a la parte trasera. Por el cristal pude ver como el ciclista sonreía y a la vez lloraba. Creo que de alegría.

Lo siento pero tuve que decidirme: entre un ciclista y un agricultor.

Yo soy una perra de campo.

Suerte ciclista gracias a ti comienzo una nueva vida.

Que a ti también te vaya bien.
PD: 25-08-09 entrenando por Quentar.