"de vez en cuando los amigos tienen el deber de hacerse sentir como cuando eran niños"

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas.
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
He aprendido a esperar sin razón.
Soy metálico en el Jardín Botánico
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua.
Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas,
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.








































lunes, 19 de noviembre de 2007

Simios, palos y colmillos


¿Por qué creó la naturaleza un simio que caminase a dos patas?

Porque en el suelo podía hacer algo que ninguna otra criatura había hecho antes tanto y tan bien: utilizar las manos para fabricar y transportar herramientas que ayudasen a satisfacer las necesidades cotidianas. Así, pasamos de una columna vertebral que describía un simple arco a la convexidad lumbar que aporta estabilidad a los humanos y da trabajo a los fisioterapeutas.

Todos los simios actuales poseen colmillos protuberantes que sirven para abrir frutos de cáscara dura, para masticar bambú y para amenazar o luchar contra depredadores o rivales sexuales.

Nuestros antepasados bípedos carecían ya de grandes colmillos. Los que tenían eran pequeños. Los molares anchos y planos. Las mandíbulas eran más para moler y triturar que para cortar y herir. Entonces, nuestros antepasados descolmillados, ¿eran inofensivos? Lo dudo mucho.

Son más de temer quienes blanden los palos más grandes que quienes enseñan los dientes más grandes.

En la actualidad, pocos son los que manejan el palo más grande. Aquellos que manosean la política y la información. Con solo tanques ya no vamos a ningún sitio. Pero las necesidades cotidianas (para unos pocos en este planeta) ya están satisfechas, ¿no? No necesitamos palos ni colmillos.

¿Hemos perdido el norte?
¿Dónde queremos llegar?
¿A la desnaturalización y a no comernos ni un rosco?
¿Tenemos que hablar con nuestro dentista?

1 comentario:

Anónimo dijo...

En lenguaje animal: la boca cerrada, labios levantados enseñando los dientes es una primera señal de amenaza.
La boca entreabierta, labios levantados enseñando los incisivos, hocico fruncido: es la segunda señal de amenaza. Si se presiona al animal, responderá con un ataque.
La boca entreabierta, labios levantados enseñando los incisivos y las encías, hocico fruncido: señal que precede a un ataque inmediato. Está tan tenso el animal que el menor movimiento por nuestra parte provocará el ataque.
Cualquier expresión de amenaza, con la comisura de los labios estirada hacia atrás: muestra un componente de temor en el animal. Aún puede atacar, pero también puede huir si se siente agredido.
¿Podemos extraer conclusiones de estas señales para los humanos?... Ojalá pudiésemos enseñar así los dientes...¡OTRO GALLO CANTARÍA!