"de vez en cuando los amigos tienen el deber de hacerse sentir como cuando eran niños"

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas.
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
He aprendido a esperar sin razón.
Soy metálico en el Jardín Botánico
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua.
Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas,
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.








































lunes, 28 de noviembre de 2011

Nuestra mente es como un caballo


¿Qué pasaría si nos montamos en un caballo salvaje, nervioso, sin adiestrar? Acabaríamos en lugares que no queremos. Pasear con él sería un suplicio. Ir encima de él, sería un gran peligro porque en cualquier momento nos podría derribar. Acabaríamos, en definitiva, de los nervios.

Nuestra mente es cómo un caballo. Puede ser salvaje. Inteligente. Adiestrado. Tonto. Nervioso. Desbocado. A veces corre precipitadamente y sin dirección. A veces, se para de repente y salimos volando por encima. Y si le preguntamos donde quiere ir, no sabrá qué decirnos. No es él, el que tiene que decidir. Somos nosotros. Somos su dueño. Debemos cuidar de él. Debemos limpiarlo diariamente. Darle buena comida para que su pelo brille.
 

Pretender que el caballo cuide de nosotros sería un desastre. Él tiene unas cualidades de las que nos podemos aprovechar, pero darle todo el poder para que dirija nuestra vida, no. Eso no.

Normalmente lo que hacemos es dejar que el caballo nos dirija. Nos ponemos una silla a nuestras espaldas y dejamos que él se monte. ¡Qué locura! ¿Dónde se ha visto algo semejante? ¿En qué cabeza cabe? Pues sí señores, cabe en nuestra cabeza de homo sapiens, que no "sapiens", a menudo mucho.

¿Y todo este rollo para qué? Para hablar de la meditación. Para mí meditar es conectar sabiamente con ese caballo. Estimular sus potencialidades e inhibir sus defectos.

¿Qué pasaría si nos montamos en un caballo dócil, amable, tranquilo, adiestrado? Lo podremos dirigir hacia donde queramos. Podremos llegar, con entrenamiento, muy lejos. A lugares insospechados. Descubrir nuevos lugares. Podríamos disfrutar de nuestro caballo como si fuera un gran compañero de viajes.

Nosotros somos el jinete. No el caballo. No nos confundamos. Observemos el caballo siempre. No nos identifiquemos con el caballo. El caballo  no es nosotros. No paro de ver caballos sin jinete por doquier, y cuando alguna vez, te cruzas con alguien trotando en su caballo tranquilamente, es una maravilla. Un despertar de la sin-razón. Porque puedes ver a la otra persona a la misma altura. Y, ojo! Uno no siempre va subido en su caballo, porque, es difícil siempre ir encima. Pero nadie ha dicho que sea imposible. Solo hace falta observarlo. Obsérvalo y así, se tranquiliza. Se tranquiliza, hasta que viene y come de tu mano.

Ven aqui, guapo, toma!
-Le paso la mano por el lomo y me monto cuidadosamente en él...-
-Ciao... Hasta la vista... Nos vemos....-



1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Y cómo se aprende a dominar el caballo, a meditar? me gustaría que nos dieses algunas clases on line, si tienes a bien hacerlo.
No sabes cuánto me gustaría poder cabalgar en mi corcel sin límites y guiarlo donde yo quiera.