"de vez en cuando los amigos tienen el deber de hacerse sentir como cuando eran niños"

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas.
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
He aprendido a esperar sin razón.
Soy metálico en el Jardín Botánico
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua.
Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse
me quedaré,
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas,
Dibujando una elipse
me quedaré,
entre el sol y mi corazón.








































miércoles, 2 de enero de 2013

Apuesta segura para mi bienestar

Hace 100.000 años el Homo Sapiens partió de África buscando, seguramente un lugar más acogedor, con más comida y más seguro para procrear. Los científicos calculan que recorríamos alrededor de unos 20 km al día buscando comida y refugio. Esta forma de vida duró, como digo, poco menos de 100.000 años. 

Pero ahora; ¿dónde  están los desiertos, las junglas, los ríos y cadenas montañosas que nos toca recorrer o cruzar? Esos 20km son más naturales para nosotros y nuestro cerebro que el cocido de la abuela o que pasarse las horas muertas frente a la televisión. 

Según recientes  investigaciones aquellos que siguen la naturaleza humana y mantienen una actividad física diaria tienen todas las papeletas para un buen envejecimiento y también para un aceptable rendimiento cognitivo. Los que no, deberían ponerse manos a la obra porque sus capacidades seguramente estén por debajo de su posibilidades.
Los que hacen ejercicio superan a los que no en pruebas que miden la memoria de larga duración, el razonamiento, la atención, la resolución de problemas e incluso la llamada inteligencia fluida. Hay estudios que ofrecen de forma sistemática el siguiente resultado: cuando los perezosos y holgazanes del ejercicio participan en un programa de actividad aeróbica, empiezan a recuperar sus facultades deterioradas. No hace falta más que 4 meses. También sucedió lo mismo con niños en edad escolar. Pero cuando abandonan el programa su puntuación cae en picado hasta los niveles iniciales.

¿Qué tipo de ejercicio se debe hacer y cuánto?

En el estudio el mejor resultado se da con ejercicio aeróbico durante 30 minutos seguidos, dos o tres veces por semana. Añadamos también ejercicios de fuerza y conseguiremos todavía más beneficios. Esto dice el laboratorio. 
¿Pero que dice el sentido común?
Dale al cuerpo los nutrientes mínimos necesarios y se mantendrá simplemente a flote. Dale al cuerpo nutrientes de calidad, en cantidad justa y en relación a factores como talla, género, peso, actividad diaria, temperatura, intolerancias y verás como le llevas a lo más alto de sus posibilidades. Podemos hacer ejercicios aeróbicos y mejorar pero seguramente nuestros antepasados no sólo hacían este tipo de trabajo.

¿Y qué pasa con los ejercicios de velocidad, resistencia y flexibilidad? ¿Y qué pasa con las habilidades motrices básicas? Capacidad de orientación espacio-temporal, capacidad de reacción, creatividad motriz, equilibrio y coordinación. 
¿Pasamos de ellas?
Nuestro cerebro y nuestro cuerpo nos dará su máximo rendimiento si las entrenamos. Ahora sólo falta darle la cantidad y la dosis necesaria según nuestro nivel. Busca un buen entrenador, un buen gimnasio donde puedas encontrar todo esto o aprende a entrenar.

No estaría mal para empezar el año con buen pie. 
Es una apuesta segura. 
La dieta de la alcachofa no tanto.





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